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Entre la verdad y la memoria
La película me hace nuevamente cuestionarme sobre la efectividad del sistema penitenciario, a nivel mundial. La lucha por la supervivencia en un entorno tan agreste como la cárcel, puede llevar a una persona a la comisión de crímenes, incluso más graves, que por los que fueron castigados (recluídos) en primera instancia. En la película vemos claramente como la cárcel, dominada por la violencia y la corrupción, empujan a un hombre condenado a 6 años de prisión por agredir a un policía, a matar primero a un hombre y luego a otros más. En el transcurso del largometráje, somos testigos de cómo el protagonista evoluciona y pasa de ser un prisionero débil a un cruel estratega, lo que refleja la brutal realidad de cómo un entorno puede moldear a una persona.
Me pregunto también por la justicia, ¿existe la justicia?¿quién decide qué es justo y qué no? y, si esa decisión está en manos del hombre ¿no estaría supeditada también a la condición de imperfección inherente a la raza humana?¿Qué relación tiene la justicia con la verdad?¿hay verdades absolutas?.
A mi modo de ver, hay que conocer la verdad para poder tomar una decisión justa. La verdad, para mí, está sujeta a la realidad (todos estamos sujetos a la misma realidad) y por tanto sí hay verdades absolutas. Sin embargo, la verdad tiene muchas aristas, como el contexto y la historia que hay detrás de ella. También, está supeditada a la memoria, al registro. Para ejemplificar lo anterior, recuerdo una película: Rashomon de Akira Kurosawa. La película gira en torno a la violación de una mujer y el asesinato de su esposo, un samurái. El suceso es narrado por cuatro personas diferentes: la del bandido acusado del crimen, la de la mujer, la del samurái (a través de un médium) y la de un leñador que afirma haber sido testigo. Lo más importante de la cinta es que cada versión de los hechos es diferente (aunque la realidad haya sido una), esto refleja intereses y emociones de los involucrados y además, creo yo, tiene que ver con el acto de recordar. La memoria humana falla, olvida, modifica, etc. Otra sería la historia si el crimen hubiese sido registrado por una cámara de video.
—María Paula Londoño Quiroga
¿Sobrevivencia o sistema que te moldea?
La película Un profeta, dirigida por Jacques Audiard, profundiza en las dinámicas del sistema penitenciario francés, explorando cómo este entorno brutal y cerrado puede ser tanto una prueba de sobrevivencia como un proceso de transformación forzada. A través de los ojos de su protagonista, Malik, un joven árabe condenado a seis años de prisión. El director nos hace reflexionar sobre el impacto de la cárcel en las personas y si ¿es la prisión un lugar que simplemente pone a prueba la capacidad de sobrevivir, o es un sistema que inevitablemente moldea a quienes se encuentran dentro?
Malik entra a prisión como un joven vulnerable, sin conexiones ni poder, y se enfrenta enfrentándose a un nuevo mundo en donde la ley del más fuerte y con más poder dictar la vida diaria dentro de la prisión. Desde el primer día, se ve atrapado en una red de violencia y corrupción, donde debe aprender rápidamente a defenderse. El entorno penitenciario, lejos de ofrecer oportunidades de rehabilitación, lo empuja a adaptarse a una nueva realidad en la que la astucia y la brutalidad se convierten en herramientas esenciales para la sobrevivencia.
El sistema penitenciario, tal como lo presenta Audiard, no es un mecanismo complejo que transforma a quienes pasan por él. A través de su experiencia en prisión, Malik se ve obligado a evolucionar, dejando atrás la ingenuidad y adoptando una actitud cada vez más activa, violenta y calculadora. La prisión actúa un lugar en donde los reclusos no solo buscan sobrevivir, sino que también desarrollan nuevas habilidades y alianzas que refuerzan sus identidades criminales.
La relación de Malik con Luciani, un mafioso corso que domina la cárcel, es clave en su evolución. César lo toma bajo su ala y le enseña las reglas del juego, pero también lo arrastra más profundo en un mundo de violencia y traiciones. Lo que Audiard nos muestra con esta relación es que la prisión, en lugar de arreglar a las personas, puede hacerlas más fuertes, pero también más oscuras. Malik aprende rápido que para sobrevivir tiene que adaptarse, pero esa adaptación lo cambia de una forma que asombra y no precisamente por lo bueno.
La película nos muestra un sistema penitenciario que, lejos de corregir y resocializar, puede corromper y deformar. Malik, quien empieza su condena como un joven desorientado, sale de la prisión no como un hombre rehabilitado, sino como un criminal, un producto directo del sistema que lo ha moldeado.
—Valentina Oliver
La carcel como escuela
Un Prophète (2009), dirigida por Jacques Audiard, es una película contemporánea que cuenta la historia de Malik El Djebena, un joven árabe de 19 años que ingresa en una prisión francesa y debe tomar decisiones para sobrevivir. Malik es un personaje ambiguo que evoluciona de un joven sin identidad definida a un estratega astuto y calculador. La transformación del personaje refleja no solo su adaptación a las reglas del poder dentro de la prisión, sino también cómo la prisión lo moldea hasta convertirlo en una figura poderosa tanto dentro como fuera de la cárcel.
El director utiliza el entorno carcelario para retratar las dinámicas de poder, la xenofobia, y la marginación socioeconómica. Malik se enfrenta a un conflicto entre los corsos y los musulmanes; su capacidad para convivir entre estos dos mundos sin ser completamente aceptado por nadie refleja su lucha interna por la identidad árabe en una sociedad francesa que lo margina. La película, por su estilo visual crudo y realista, permite que el espectador identifique los miedos, estado de alerta y pánico del personaje principal. Además, las interacciones de Malik con Reyeb, el hombre que fue obligado a asesinar, crea un aspecto psicótico hacia el personaje, resaltando la culpa y el costo emocional de sus acciones forzadas.
Finalmente, “Un Prophète” es una película compleja que añade profundidad a la evolución del personaje principal, pero también exige un esfuerzo constante por parte del espectador para seguir los múltiples capítulos de la historia. Malik se transforma en un profeta por la prisión, mientras aprendía de los negocios y “la mala vida”, también en sus clases que lo ayudan a tener una postura suprema por su conocimiento, ya que con este pudo jugar en los dos lados.
—Mariana Díaz Guerrero
El póder (que ótórga) leer
A lo largo de mi vida, tal vez de forma inconsciente, he asociado la lectura con una cierta superioridad moral, como si leer me diera un privilegio especial, una ventana a un mundo más profundo que me permitiera tener un mejor criterio y una visión más clara de las cosas. Sin embargo, ahora empiezo a cuestionar esa idea. Quizás la lectura no sea tanto una fuente de moralidad, sino más bien una fuente de poder. En “Un prophète,” veo esta transformación reflejada en Malik. Al principio, su analfabetismo lo deja vulnerable, atrapado en un mundo que no puede comprender ni controlar. Pero cuando comienza a aprender a leer, no es la moralidad lo que gana, sino el poder.
Con cada palabra que Malik descifra, se va armando con herramientas que antes no poseía. Leer no lo convierte en una persona moralmente superior; en cambio, lo convierte en alguien capaz de manipular su entorno, de tomar el control de su destino en un lugar donde antes solo era un peón. Las palabras, para él, se convierten en armas, en escudos, en ladrillos con los que construye una fortaleza dentro de la prisión.
Este proceso me lleva a una reflexión más amplia sobre la lectura en mi propia vida. Me doy cuenta de que las palabras no son intrínsecamente buenas o malas; son simplemente herramientas, como lo son para Malik. Lo que hace con ellas es lo que realmente importa. Al aprender a leer, Malik no recibe una guía moral, sino una llave que le permite acceder a un poder antes inaccesible para él. Es en cómo decide usar ese poder donde radica la verdadera cuestión moral.
La lectura, entonces, no garantiza superioridad moral. Es un medio, una llave que abre muchas puertas, algunas hacia caminos nobles y otras hacia sendas oscuras. Como Malik, al tener acceso a este poder, me enfrento a decisiones que determinarán quién soy y qué construyo en mi vida. El verdadero desafío no es simplemente aprender a leer, sino decidir qué hacer con el poder que el conocimiento me concede. Malik lo usa para sobrevivir y dominar en un entorno hostil. ¿Y yo, qué elijo construir con él?
—Mónica Alejandra Caicedo
Pluralismo jurídico
Algo que critico mucho de los abogados es el lenguaje especializado o tecnicismos que emplean para decir algo muy simple. Lastimosamente las leyes están redactadas de una forma que parecieran codificadas en otro idioma, aspecto que dificulta su entendimiento por parte de la población y le otorga un poder adicional al abogado ya que funge como intérprete de las normas y se vuelve imprescindible en cualquier proceso.
Escribiendo este texto me he dado cuenta que he caído en el juego de los abogados de acudir a palabras elocuentes para referirme a una simple situación. Al observar la película “El profeta” solo se me cruzaba por la cabeza un concepto; el pluralismo jurídico. Este hace referencia a la coexistencia de múltiples sistemas jurídicos dentro de un Estado, en otras palabras, existen diversas fuentes de derecho que no provienen del Estado. El ejemplo por excelencia podrían ser los grupos armados insurgentes en nuestro país, puesto que estos instauran su propio sistema normativo en las regiones que controlan y lo que decretan se vuelve ley para la población, sin embargo, aquellos grupos operan dentro del Estado Colombiano, el cual también posee sus propias leyes.
La misma situación sucede en la cárcel en la que se encuentra recluido el protagonista de la historia, Malik El Djebena, puesto que a primera vista son los guardias quienes poseen la autoridad legítima de instaurar el orden en el centro de reclusión. Sin embargo, los Corsos, un grupo de italianos que se encuentran presos, también controlan las dinámicas sociales dentro de este centro penitenciario e imponen su poder, por medio de amenazas y sobornos, incluso ciertos guardias debían rendirles cuentas al líder de esta banda.
En conclusión, la película “El profeta” retrata de forma sugestiva las múltiples autoridades que existen en un mismo espacio, donde surge el interrogante de: ¿Quién protege a quién en el centro penitenciario? ¿Los corsos protegen al protagonista o los guardias los aseguran de posibles amenazas? En este sentido, existen matices sobre las relaciones de poder y resulta interesante observar como El Djebena opta por servir al líder de la banda para garantizar su propio bienestar y seguridad durante su reclusión en la cárcel, aspecto que no lo puede proveer a cabalidad los guardias en la cárcel.
—Laura María Boyano
¿Sobrevivir a que costo?
La película “Un Profeta” de Jacques Audiard nos presenta en un mundo de violencia y corrupción dentro de las paredes de una prisión en Francia. La película nos presenta como personaje principal a Malik, un joven que por su conducta se ha convertido en delincuente y durante la película se vuelve en el protegido de un poderoso jefe de la mafia, César Luciani.
A medida que Malik asciende en la jerarquía del crimen organizado, se encuentra atrapado entre su lealtad a César (su líder) y su propia moralidad. La película nos hace reflexionar sobre la identidad y la lealtad en un entorno donde la supervivencia depende de la capacidad para adaptarse y hacer sacrificios para poder sobrevivir.
La relación entre Malik y César es compleja y difícil de entender. César se convierte en una figura tipo paterna para Malik, ya que a este le falta orientación y dirección en su vida. Sin embargo, esta relación también es tóxica y manipuladora, ya que César utiliza a Malik para las tareas que él no quiere hacer.
La película también explora la idea de la reinvención y la posibilidad de llegar algún cambio. Malik, a pesar de estar atrapado en un ciclo de violencia, busca encontrar una salida y reconstruir su vida para no volver a pasar por una situación así.
“Un Profeta” es una película que me hizo reflexionar sobre la naturaleza humana y la capacidad para elegir nuestro propio camino, incluso en las circunstancias más difíciles como en este caso la cárcel. La trama nos presenta un mundo oscuro y despiadado, pero también nos muestra la posibilidad de esperanza y redención.
—David Frattini
1 segundo de cada 599 184 000…
Hola, me llamo Telma y vi esta película, El profeta. Al principio, parece una película sobre un “perdedor” que no sabe qué hacer en la cárcel y que no le importa estar allí; el fillme retrata a un personaje que no sabe nada, no sueña con nada y no quiere nada. En resumen, un “perdedor” pobre y sin familia.
Lo seguimos en la cárcel, a la que llamaremos “universidad del crimen”, aunque luego volveremos sobre este término porque me parece limitado.
Al principio, este tipo parece aceptar todas las opresiones que sufre: ser el esclavo de la mafia corsa, hacer el café, hacer extorsiones, cometer asesinatos, etc. Se pone en una posición que le conviene y en la que siempre ha conocido el papel de sirviente.
Pero durante sus misiones descubre que la vida puede ser buena, con familia, con dinero para su familia, que puede vivir con gente de su comunidad, etc.
Todo el dinero que hace en la película es para cosas tan sanas y honorables como proteger a la familia de su mejor amigo que tiene cáncer y liberarse de los corsos. Su imaginario, antes y después de la cárcel, pasa de nada a una vida normal, casi los afectos capitalistas normales.
Se proyecta en los valores del trabajo, los valores de la familia, los valores de la libertad y los valores árabes.
Para la charla universitaria, vamos a decir que entendemos el título de la película, y que esta profecía es solo la capacidad de imaginar y proyectar un futuro más allá de un segundo. Vivir su vida segundo a segundo, estadísticamente, significa que en algún segundo de los 599,184,000 que vivió, había una probabilidad de que apuñalara a un policía. Es seguro…
¿Qué diferencia hay entre un tipo de escuela de comercio un poco reaccionaria y Malik? Sino árabes pobres sin familia, tienen los mismos afectos y sueños de start-up; la única diferencia es que Malik solo tiene acceso a los negocios de drogas porque son los últimos lugares que quedan en sus comunidades para hacer dinero.
Esto me recuerda a mis discusiones con árabes del sur de Francia que me dicen que si legalizan las drogas, los blancos tomarán el mercado y eso sería terrible para ellos.
Esto también me recuerda a los judíos que dominan el negocio de los bancos porque fue la única cosa que los católicos no podían hacer.
Dos minorías oprimidas que atacan con su última manera de hacer dinero.
Escuela del crimen no segura; escuela de cosas para las que no hay escuela de blancos ricos y sobrediplomados, segura.
—Telma Laseur
El profeta
Esta película me hizo revolver un sinfín de emociones, desde la impotencia, la rabia y una tristeza de sabor amargo. Nos introducen a Malik Djebena, un joven de 19 años que es condenado a 6 años de prisión. La cárcel, tiene unas jerarquías de poder y corrupción violentas, es inevitable como poco a poco lo van jalando hacia el mundo dentro y fuera de las drogas, traiciones y dinero sucio. Su primera prueba fue matar a Reyeb, un hombre al cual le gustaba la lectura y veía en ese extenso tiempo libre una oportunidad para acceder a la educación y salir “mejor de lo que entró”.. Aunque la historia del protagonista no acabó totalmente fuera de los negocios, si nos muestran cómo la educación en sitios penitenciarios puede ser una forma de escape a lo que se vive en los patios. En este caso, Malik aprende francés y aunque su aspecto arabe lo “delataba” al relacionarse con franceses pudo desenvolverse finalmente en ambos mundos. Su elección, con la que cargoo desde el primer asesinato, con la cual fue perdiendo poco a poco esa “inocencia” lo perseguia. Es una trama con muchos matices, mientras traficaba y era el perro faldero de Lucianni, pasaba exámenes de múltiples materias, dominaba el idioma extranjero e incluso mandaba cartas, a su vez, creando relaciones de amistad fuertes como la de Ryad. No solo aprendía, podía con este dinero tener acceso a películas, viajes, conocer la playa..Finalmente, todas las noches Reyeb le hablaba, se aparecía al igual que unas visiones casi divinas que lo hacían diferente al resto.
—Shaiel Sofia Gastelbondo
Un profeta más allá del bien y del mal
Malik sólo tenía 19 años cuando ingresó en prisión. Fue encarcelado por razones que no están claras, pero comprendemos la injusticia del racismo estatal sistémico que sufre por su origen étnico. No tiene lazos con nada: ni familia, ni religión, ni educación alfabetizada.
Aunque al principio se muestra bastante reservado, incluso retraído ante el hostil entorno carcelario, Malik se impone poco a poco. Para encontrar su lugar, tiene que matar a otro preso para salvarse, a pesar de que éste le había mostrado cierta simpatía. La escena del asesinato es extremadamente realista: no todo sale según lo previsto y la violencia se retrata sin eufemismos. Pero marca un punto de inflexión para el protagonista: gana la protección de un padrino y se convierte en «sus ojos y oídos». De este modo, Malik evoluciona completamente fuera de la dicotomía bien/mal, siendo el valor supremo el de la supervivencia, entendida tanto en sentido literal como figurado, como afirmación social.
También entabla amistad con Riyad, que le enseña a leer. Los dos acaban haciendo negocios juntos, y aunque existe una política de integración, la prisión se convierte en una universidad del crimen. Este vínculo también sirve para desarrollar al protagonista, de quien descubrimos que es profundamente cariñoso y leal. Es esta complejidad la que hace a este personaje verdaderamente humano, poniendo de relieve la multiplicidad de su ser. La cinematografía también nos permite acercarnos a él, ver dentro de su psique, lo que permite que su metamorfosis brille en la intensidad de cada una de sus actitudes, posturas y expresiones.
Malik asimila poco a poco todos los códigos de la prisión y construye su personalidad entre esos muros. El encierro de la cárcel le permite, paradójicamente, revelarse: «Nunca se habría convertido en el hombre que es sin ella», afirma el realizador. Con sus extraordinarios instintos, Malik podría ser el mensajero que sale de la cárcel para revelar su realidad. El título «Un profeta» remite al campo léxico de la religión, evocando la dicotomía bien/mal, al tiempo que describe una realidad fuera de este marco, como una «zona gris» que no puede juzgarse moralmente. Los colores de la prisión también son de estos tonos grisáceos, como para materializar esta idea.
—Romane Forget
Un profeta: Aprender, ascender y… ¿mejorar?
Malik El Djebena es un joven atravesado por distintas violencias, con 19 años entra a la cárcel a cumplir una condena de seis años, su recién ingreso rápidamente le enfrenta a matar o salvar su vida. Los corsos, quienes le obligan a matar a Rayeb, pronto lo hacen parte de su grupo, ofreciéndole protección dentro de la cárcel a cambio de que haga lo que le pidan. Irónicamente, su buena conducta le facilita tener salidas ocasionales, que usa para cumplir más favores a Luciani, el jefe de los corsos, junto a “misiones” personales.
Su estadía en la cárcel se vuelve una escuela en dos sentidos; la cárcel como institución penal le ofrece la oportunidad de asistir a clases para aprender a leer y escribir junto a demás disciplinas académicas, mientras que aprende a delinquir de forma discreta dentro de la cárcel hasta llegar a un pico de “éxito” dentro de ella. Al recién ingresar, Malik no tenía familia, no tenía quién le enviara dinero o quien le visitara ocasionalmente, y al haber entrado ahí consiguió lo que no esperaba, respeto, mucho dinero y una familia.
Aprendió muchas cosas, era feliz al salir de la cárcel, podemos sentir que su paso por la cárcel fue positivo al considerar ese “progreso”, pero ¿realmente progresó? ¿su condena le permitió reflexionar sobre sus errores para salir a reinsertarse en la sociedad? La condena y reclusión son efectivas para contribuir a un mundo violento. No se puede construir la paz cuando la única libertad para decidir se da entre matar o ser asesinado, ni el más creyente se salvará tanto adentro como afuera, porque la hostilidad no empieza ni termina en la cárcel. Afuera de esas cuatro paredes hay mayores posibilidades, pero cuando te educa un mundo violento estas se reducen, y no te queda mayor opción que ceder ante él.
—Maria Jose Martinez
La libertad de expresar emociones
Lo que está prohibido en las cárceles es también la libertad de expresar las propias emociones.
Lo que también está prohibido en la universidad es expresar las propias emociones.
Detrás de estos muros grises o blancos hay un deseo de impedir que la gente sienta lo que quiere sentir.
Sin las herramientas que llamamos arte, es difícil expresar tus emociones.
Pero estos dos lugares están pensados para normalizar.
¿Uniformidad para un mejor control? No para mostrar esas emociones, para parecer iguales.
El arte, en cambio, abre una ventana a la autointrospección. Sacude las cosas, transcribe… Pone los primeros trazos en la emoción, el sentimiento. Nos permite alejarnos de una emoción negativa que nos impide avanzar. El arte nos ayuda a comprendernos mejor.
El arte nos permite cultivar nuestras diferencias, alejarnos de la uniformidad. Esta uniformidad se encuentra en los lugares creados por la sociedad.
Detrás de estos muros blancos y grises se esconden la ira, la decepción, la alegría… Pero estos muros blancos y grises la aprisionan. La secuestran de modo que ya no puede respirar. Pero sólo hay un lugar que puede devolverle la libertad: una página en blanco y un lápiz. El lápiz es la prolongación de la emoción, mientras que la página en blanco es el postillón del sentimiento.
—Thomas, Alycia Coraline
