The Global Freedom Scholars Network (GFS): apuntes para un manifiesto / notes for a manifesto / notas para um manifesto

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«Si deseas salir de la cárcel, lo primero que debes hacer es darte cuenta de que estás en prisión. Si piensas que eres libre, no podrás escapar.» —George Gurdjieff

¿Qué ocurre si entendemos la prisión como una extensión del campus universitario?

De la universidad a la cárcel, de la cárcel a la universidad; la universidad como cárcel, la cárcel como universidad. Una experiencia de semejanza, de similitud y, al mismo tiempo, de marcadas diferencias.

¿Una persona privada de libertad está también privada de libertad de expresión? ¿Se extiende la privación de libertad a los ámbitos sensorial y cognitivo? ¿Una persona que ha estado privada de estas experiencias durante varios años y que ha recibido la peor versión de todos los servicios -desde la alimentación corporal hasta la alimentación educativa- podrá ejercer mejor su ciudadanía al recuperar la libertad?

Toda generación interesada en la relación entre cárceles y universidades debe responder a estas preguntas, pero también mantener una actitud crítica ante el olvido. La dualidad entre un sistema penitenciario punitivo y un sistema educativo siempre ha estado presente en el debate. Recordar lo que se ha hecho y contrastar las experiencias locales con ejemplos globales es esencial para ampliar nuestro lenguaje y el universo de nuestras acciones.

El 31 de agosto de este año, en São Paulo, Brasil, se lanzó la Red Global Académica por la Libertad, conocida como The Global Freedom Scholars Network (GFS), una iniciativa de Incarcerated Nations Network. En este evento participaron más de dos docenas de personas de diversos países, todas comprometidas con el desarrollo de programas educativos y culturales tanto dentro como fuera de los espacios de reclusión. Durante la jornada, se realizaron visitas, intercambios de contactos y diálogos que marcaron el inicio de una alianza internacional.

Una de las actividades principales fue la elaboración de un borrador para el primer manifiesto de la GFS, cuyo objetivo es enviar un mensaje colectivo a las partes interesadas, como departamentos gubernamentales, universidades, la sociedad civil y organizaciones internacionales de gobernanza. La meta es clara: utilizar la creatividad y los recursos académicos para transformar las cárceles en espacios de aprendizaje y segundas oportunidades.

Este texto es una contribución a ese manifiesto.

Cinco acciones concretas para mejorar la relación entre cárceles y universidades:

1. Aula Universitaria: Así como las cárceles cuentan con capillas y espacios para la práctica religiosa, es natural que las universidades ofrezcan aulas equipadas con recursos educativos como computadoras, internet, acceso a bibliotecas, materiales de escritura y artísticos. Estos espacios estarán dedicados exclusivamente a clases, cursos, conferencias, eventos y actividades académicas y culturales. En este entorno, el territorio será el de una universidad, no una cárcel, y quienes participen—personas privadas de la libertad, personal administrativo y guardias—serán considerados como parte de la comunidad universitaria.

2. Optimización de Recursos: ¿Cuánto invierte el Estado anualmente en mantener a una persona privada de libertad? Es crucial aprovechar la experiencia y legitimidad de las universidades para reasignar espacios, tiempos y recursos en los centros penitenciarios. La colaboración entre el sistema penal y el universitario puede mejorar la gestión de los recursos asignados a la educación de las personas en espacios de reclusión. Unir fuerzas permitirá que el sistema penal se enfoque más en la educación y menos en la encarcelación. El éxito de una prisión no se mide por el número de personas recluidas, sino por la reducción de la reincidencia, fruto de la implementación de programas educativos. La efectividad de una cárcel radica en el impacto positivo en la vida en los espacios de reclusión y en los beneficios que ese cambio aporta a la sociedad.

3. Voluntariado y Clases en Cárceles: El cuerpo docente universitario puede ofrecer clases, cursos completos, diplomados y carreras dentro de las cárceles. Existen varias modalidades posibles:

a) Adaptar cursos universitario existente para que puedan ser impartidos de manera gratuita en el Aula Universitaria de la cárcel. Los docentes integrarán a un grupo de personas privadas de la libertad como estudiantes, otorgándoles los mismos derechos y oportunidades que a sus compañeros en el campus, quienes pagan por su educación. Un aspecto clave de este enfoque educativo es la integración: reunir a personas que, fuera de esos espacios, están separadas por un «apartheid educativo», rompiendo barreras y fomentando un entorno inclusivo y equitativo para todos.

b) Impartir clases universitarias en la cárcel, reconociendo un pago a la institución educativa por cada estudiante inscrito.

c) Redención por tiempo, certificados y diplomas: Las sesiones de clases, cursos y actividades serán contabilizadas en créditos universitarios, que podrán traducirse en certificados académicos. Estos certificados permitirán continuar con estudios superiores y servirán como equivalencias para la reducción de la pena.

4. Cuerpo Docente Mixto: El profesorado no debe limitarse a los miembros de la comunidad universitaria, sino que también puede estar conformado por personas pospenadas. El objetivo es formar a personas privadas de la libertad con vocación docente para que, al salir, estén capacitadas e interesadas en enseñar, tanto en universidades como en cárceles, creando así un círculo virtuoso.

5. Diálogo Continuo con la Población Privada de Libertad: El diseño de programas educativos y culturales en los espacios de reclusión debe realizarse en diálogo constante con la población privada de la libertad. La colaboración es clave: entre todos, construimos una mejor educación y oportunidades para todos.

“Quiero llegar a poder decir, con toda sencillez, sin afectación, que los dos grandes puntos de inflexión de mi vida fueron cuando mi padre me mandó a Oxford y cuando la sociedad me mandó a la cárcel. No diré que sea lo mejor que me podría haber ocurrido, porque esa frase sabría a amargura excesiva conmigo mismo. Preferiría decir, o que se dijera de mí, que fui tan hijo de mi época que en mi perversión, y por esa perversión, convertí las cosas buenas de mi vida en mal, y las cosas malas de mi vida en bien.”—Oscar Wilde, De Profundis


Crónica en imágenes de lanzamiento de The Global Freedom Scholars Network (GFS):

https://www.reporterpb.com.br/noticia-extra/2024/08/30/rede-global-de-academicos-da-liberdade-se-reune-no-museu-do-futebol/69600.html


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«If you wish to leave the prison, the first thing you must do is realize that you are in prison. If you think you are free, you will not be able to escape.» —George Gurdjieff

What happens if we understand the prison as an extension of the university campus?

From university to prison, from prison to university; the university as a prison, the prison as a university. An experience of similarity, of resemblance, and at the same time, of stark differences.

Is a person deprived of liberty also deprived of freedom of expression? Does the deprivation of liberty extend to the sensory and cognitive realms? Can a person who has been deprived of these experiences for several years, and who has received the worst version of all services—from bodily nourishment to educational nourishment—exercise better citizenship upon regaining freedom?

Every generation interested in the relationship between prisons and universities must answer these questions, while also maintaining a critical attitude toward forgetting. The duality between a punitive prison system and an educational system has always been present in the debate. Remembering what has been done and contrasting local experiences with global examples is essential to expanding our language and the universe of our actions.

On August 31 of this year, in São Paulo, Brazil, the Global Freedom Scholars Network (GFS), an initiative of Incarcerated Nations Network, was launched. More than two dozen people from various countries participated in this event, all committed to developing educational and cultural programs both inside and outside of detention spaces. During the event, visits, exchanges of contacts, and dialogues took place, marking the beginning of an international alliance.

One of the main activities was drafting the first manifesto of the GFS, aimed at sending a collective message to stakeholders such as government departments, universities, civil society, and international governance organizations. The goal is clear: to use creativity and academic resources to transform prisons into spaces of learning and second chances.

This text is a contribution to that manifesto.

Five concrete actions to improve the relationship between prisons and universities:

1. University Classroom: Just as prisons have chapels and spaces for religious practice, it is natural that universities offer classrooms equipped with educational resources such as computers, internet access, libraries, writing, and artistic materials. These spaces will be dedicated exclusively to classes, courses, lectures, events, and academic and cultural activities. In this environment, the territory will be that of a university, not a prison, and those participating—people deprived of liberty, administrative staff, and guards—will be considered part of the university community.

2. Optimization of Resources: How much does the state invest annually in maintaining a person deprived of liberty? It is crucial to leverage the experience and legitimacy of universities to reassign spaces, time, and resources in correctional facilities. Collaboration between the penal system and the university system can improve the management of resources allocated to the education of people in detention. Joining forces will allow the penal system to focus more on education and less on incarceration. The success of a prison is not measured by the number of people incarcerated but by the reduction of recidivism, resulting from the implementation of educational programs. The effectiveness of a prison lies in the positive impact on life within detention spaces and the benefits that change brings to society.

3. Volunteering and Classes in Prisons: University faculty can offer classes, complete courses, diplomas, and degrees within prisons. Several possible modalities exist:

a) Adapt existing university courses so they can be taught free of charge in the prison’s University Classroom. Faculty will integrate a group of incarcerated people as students, granting them the same rights and opportunities as their peers on campus, who pay for their education. A key aspect of this educational approach is integration: bringing together people who, outside these spaces, are separated by an «educational apartheid,» breaking down barriers, and fostering an inclusive and equitable environment for all.

b) Teach university courses in prison, with the educational institution receiving payment for each enrolled student.

c) Redemption through time, certificates, and diplomas: Class sessions, courses, and activities will be counted as university credits, which can be translated into academic certificates. These certificates will allow for further studies and will serve as equivalencies for sentence reduction.

4. Mixed Faculty: The teaching staff should not be limited to members of the university community but can also include formerly incarcerated individuals. The goal is to train incarcerated individuals with a teaching vocation so that upon release, they are qualified and interested in teaching, both in universities and in prisons, thus creating a virtuous circle.

5. Continuous Dialogue with the Incarcerated Population: The design of educational and cultural programs in detention spaces must be conducted in constant dialogue with the incarcerated population. Collaboration is key: together, we build better education and opportunities for everyone.

«I want to be able to say, with all simplicity, without affectation, that the two great turning points of my life were when my father sent me to Oxford and when society sent me to prison. I will not say that it was the best thing that could have happened to me, because that phrase would taste of excessive bitterness with myself. I would prefer to say, or for it to be said of me, that I was so much a child of my time that in my perversion, and because of that perversion, I turned the good things of my life into evil, and the bad things of my life into good.» —Oscar Wilde, De Profundis


Versão em português >

«Se você deseja sair da prisão, a primeira coisa que deve fazer é perceber que está na prisão. Se você pensa que é livre, não conseguirá escapar.» —George Gurdjieff

O que acontece se entendermos a prisão como uma extensão do campus universitário?

Da universidade à prisão, da prisão à universidade; a universidade como prisão, a prisão como universidade. Uma experiência de semelhança, de semelhança, e ao mesmo tempo, de diferenças marcantes.

Uma pessoa privada de liberdade também está privada da liberdade de expressão? A privação de liberdade se estende aos âmbitos sensorial e cognitivo? Uma pessoa que foi privada dessas experiências por vários anos e que recebeu a pior versão de todos os serviços — desde a alimentação corporal até a alimentação educacional — poderá exercer melhor a cidadania ao recuperar a liberdade?

Toda geração interessada na relação entre prisões e universidades deve responder a essas perguntas, mantendo também uma atitude crítica em relação ao esquecimento. A dualidade entre um sistema penitenciário punitivo e um sistema educacional sempre esteve presente no debate. Lembrar o que foi feito e contrastar as experiências locais com exemplos globais é essencial para expandir nossa linguagem e o universo de nossas ações.

Em 31 de agosto deste ano, em São Paulo, Brasil, foi lançada a Rede Global Acadêmica pela Liberdade, conhecida como The Global Freedom Scholars Network (GFS), uma iniciativa da Incarcerated Nations Network. Neste evento, participaram mais de duas dezenas de pessoas de diversos países, todas comprometidas com o desenvolvimento de programas educativos e culturais tanto dentro quanto fora dos espaços de reclusão. Durante o evento, houve visitas, troca de contatos e diálogos que marcaram o início de uma aliança internacional.

Uma das principais atividades foi a elaboração de um rascunho para o primeiro manifesto da GFS, cujo objetivo é enviar uma mensagem coletiva às partes interessadas, como departamentos governamentais, universidades, sociedade civil e organizações internacionais de governança. O objetivo é claro: utilizar a criatividade e os recursos acadêmicos para transformar as prisões em espaços de aprendizado e segundas chances.

Este texto é uma contribuição para esse manifesto.

Cinco ações concretas para melhorar a relação entre prisões e universidades:

1. Sala de Aula Universitária: Assim como as prisões contam com capelas e espaços para a prática religiosa, é natural que as universidades ofereçam salas de aula equipadas com recursos educativos, como computadores, internet, acesso a bibliotecas, materiais de escrita e artísticos. Esses espaços serão dedicados exclusivamente a aulas, cursos, palestras, eventos e atividades acadêmicas e culturais. Nesse ambiente, o território será o de uma universidade, não de uma prisão, e quem participar — pessoas privadas de liberdade, funcionários administrativos e guardas — será considerado parte da comunidade universitária.

2. Otimização de Recursos: Quanto o Estado investe anualmente para manter uma pessoa privada de liberdade? É crucial aproveitar a experiência e a legitimidade das universidades para realocar espaços, tempos e recursos nas unidades prisionais. A colaboração entre o sistema penal e o sistema universitário pode melhorar a gestão dos recursos destinados à educação das pessoas em espaços de reclusão. Unir forças permitirá que o sistema penal se concentre mais na educação e menos na encarceramento. O sucesso de uma prisão não se mede pelo número de pessoas presas, mas pela redução da reincidência, fruto da implementação de programas educativos. A eficácia de uma prisão reside no impacto positivo na vida dentro dos espaços de reclusão e nos benefícios que essa mudança traz à sociedade.

3. Voluntariado e Aulas em Prisões: O corpo docente universitário pode oferecer aulas, cursos completos, diplomas e graduações dentro das prisões. Existem várias modalidades possíveis:

a) Adaptar cursos universitários existentes para que possam ser oferecidos de forma gratuita na Sala de Aula Universitária da prisão. Os professores integrarão um grupo de pessoas privadas de liberdade como estudantes, concedendo-lhes os mesmos direitos e oportunidades que seus colegas no campus, que pagam por sua educação. Um aspecto-chave dessa abordagem educativa é a integração: reunir pessoas que, fora desses espaços, estão separadas por um «apartheid educacional», rompendo barreiras e promovendo um ambiente inclusivo e equitativo para todos.

b) Ministrar aulas universitárias na prisão, reconhecendo um pagamento à instituição de ensino por cada aluno inscrito.

c) Redenção por tempo, certificados e diplomas: As sessões de aula, cursos e atividades serão contabilizadas em créditos universitários, que podem ser convertidos em certificados acadêmicos. Esses certificados permitirão a continuidade dos estudos superiores e servirão como equivalência para a redução da pena.

4. Corpo Docente Misto: O corpo docente não deve se limitar aos membros da comunidade universitária, mas também pode ser formado por pessoas egressas do sistema prisional. O objetivo é formar pessoas privadas de liberdade com vocação docente para que, ao sair, estejam capacitadas e interessadas em ensinar, tanto em universidades quanto em prisões, criando assim um círculo virtuoso.

5. Diálogo Contínuo com a População Privada de Liberdade: A concepção de programas educativos e culturais nos espaços de reclusão deve ser realizada em diálogo constante com a população privada de liberdade. A colaboração é fundamental: juntos, construímos uma melhor educação e oportunidades para todos.

«Quero poder dizer, com toda a simplicidade, sem afetação, que os dois grandes pontos de inflexão da minha vida foram quando meu pai me mandou para Oxford e quando a sociedade me mandou para a prisão. Não direi que foi o melhor que poderia ter me acontecido, porque essa frase soaria como amargura excessiva comigo mesmo. Preferiria dizer, ou que se dissesse de mim, que fui tão filho do meu tempo que, em minha perversão, e por causa dessa perversão, transformei as coisas boas da minha vida em mal, e as coisas más da minha vida em bem.» —Oscar Wilde, De Profundis

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